Pero camino aquí perdí el autobús; el sol estuvo tan intenso que pare a comprar un refresco y lo derrame en mi saco recién lavado; más tarde me di cuenta de que olvide mis apuntes y me estoy dando cuenta que siento un poco de molestia en la garganta; anoche dormí poco, me tomo muchas horas estar satisfecho con los apuntes que pensaba usar hoy.
Espero aún te encuentre, ya que voy un poco retrasado. Esperar otro autobús y limpiar un poco mi saco me quito tiempo; cuanto odio llegar tarde, preferiría escribir un mensaje y avisar que no llegaré; sin embargo, no tengo saldo disponible para enviar el mensaje; tengo facturas acumuladas y lo que hago, en este instante de mi vida en que escribo estas palabras, no me otorga alguna satisfacción, es una simple transacción en la que vendo mi tiempo.
¿Y si pudiera retirarme? Dedicarme a escribir desde que me despierto hasta que voy a dormir, ¡qué increíble sería…!
Escapo de la realidad fantaseando con aquello que anhelo sea la esencia de mi vida y aunque estoy muy lejos de lograrlo, estoy aquí frente a ti, un poco tarde y no tan presentable como quisiera, para compartir contigo lo siguiente: La motivación pierde sentido si no está alineada con tu propósito, o al menos con la búsqueda del mismo, esa alineación con un propósito, transforma la motivación en poder; te empodera, por eso estoy aquí hoy; porque estoy empoderado, no motivado, y ese poder me permite con creencia mirarte a los ojos y decirte que si es posible, que lo único que necesitas es buscar en el lugar correcto; en ti; en tu inmensidad, allí donde el porqué, para que, como, donde y con quien se revelan.
Mi mensaje hoy se resume a invitarte a ignorar todo lo que te digo y lo que te dicen, a descartar toda esa motivación sin sentido, y empezar simplemente a escucharte, puede que de a poco ese propósito que da sentido a todo se empiece a revelar.
