Cada paso que damos forja nuestro camino… El mío se trata de escribir, y entre mis letras quizá encuentres la chispa que necesitas para avanzar en el tuyo.

Llueve en Bogotá

Hace frío, estoy lejos de casa, es alrededor de las 10 am y hace tan solo instantes creía que llegar a tiempo era un hecho, quienes viven aquí saben que solo basta un parpadeo para pasar del verano al invierno caótico, incluso a media mañana y sin importar la fecha que marque el calendario, y más allá del pronóstico que te dicte la app del tiempo.

Llegue hasta este lugar gracias a creer en una posibilidad, que a medida que avanza el tic tac se esfuma, dice hasta siempre, se diluye en la lluvia como el terrón de azúcar en el café de esta mañana, que a la chica de la cafetería le pedí sin dulce, la madrugada ya avisaba sobre el caos, y sobre como no iba a ser fácil llegar con anticipación al encuentro pactado. 

Siempre existen dos caminos, dos opciones, cada instante se trata de una decisión, y llegar se trata de eso, de llegar, desconozco lo que dicen los textos de etiqueta y manuales de negociación sobre el impacto de llegar empapado a una reunión, sé qué hablan sobre llegar con anticipación y acordemente presentado, mi norma dicta siempre ser el primero en llegar, y usar el tiempo que me da ese primer lugar para encontrar calma y organizar mejor mis ideas para afrontar lo que viene; correr o renunciar, esos son los caminos que se me presentan en este instante. 

3 minutos antes de lo pactado, de primero en el lugar, la lluvia amainó una vez me aventure y aunque se nota un poco que me llovizne, puede incluso ignorarse, lo que ahora suceda aunque no es irrelevante para mi vida, no es sobre lo que trata este texto, correr bajo la lluvia o cualquier circunstancia que se presente se trata de enfoque, no importa que tan fuerte llueve, sino de hacia donde vas y qué estás dispuesto a hacer para llegar.